LA PLANA

Si hay un sitio peculiar en el llano de los Monegros es La Plana, siempre que voy allí me recuerda la peli de “Abierto hasta el Amanecer”, por el sitio, donde está, la entrada al porche con una hilera de motos viejas (no antiguas) colgadas, haciendo de pared, hasta que llegas a la puerta del garito, acogedor, con el fuego encendido (cuando hace frio), amplio, acostumbrado a dar de comer y beber a un variopinto grupo de diferentes personas agricultores, regantes, motoristas, espantaconejos en moto, etc.

Para llegar allí desde Zaragoza hay que subir el puerto de Alcubierre (616 m), desde donde se divisa buena parte de la llanura de los Monegros, que en el caso de hoy estaba toda nevada, aunque la carretera lucía limpia de nieve en todo el recorrido, dejando al fondo la imagen blanca de todo el Pirineo Aragonés, en un día espléndido, que daba gusto rodar con la moto tranquilamente, con la única compañía de algún ciclista, algún coche cargado de críos dispuesto a ponerse como cerdos de y en la nieve y yo con mi Suzy, disfrutando el momento.

Alcubierre nevado

Al llegar yo era la única moto, cosa rara, pero que ha facilitado acelerar la fabricación de mis huevos fritos con panceta, para almorzar, regados por tinto del Somontano, criado al otro lado de los Monegros, a 40 kms. escasos y la felicidad me la ha completado la hija del dueño, dejándome el periódico, para compaginar (nunca mejor dicho lo de “paginar”) pan, untada de huevo, trozo panceta, se introduce en la boca y a partir de ese momento mientras vas masticando tranquilamente, sin prisas, sin agobios, sin nadie que te mire (y si mira te da igual, porque no te enteras), vas leyendo las novedades del periódico, que aunque sean parecidas todos los días, a veces hay alguna diferente, tragas los alimentos depositados y ya masticados en la boca y el siguiente acto reflejo, sin levantar la mirada del diario, es con la mano derecha coger la copa de vino y tomarte un buen trago, para que lo que has metido en el estómago se mezcle convenientemente, mientras en la boca te deja un excelente sabor a felicidad y así una y otra vez hasta que se acaba el almuerzo, porque el vino por precaución (es muy jodido quedarte sin vino a mitad de almuerzo) siempre lo pido de sobras.

Es el momento en el que sin ya no tener nada que masticar, giras la cabeza para comprobar el aforo y estado del local, comprobando que han llegado tres motoristas más, de los cuales conozco a Roberto (siempre ha tenido una R 1100 S, pero Ölinsificada, pintada con los colores BMW Racing y preciosa) los saludos de rigor, pasando después a la solicitud, por el procedimiento reglamentario, de un carajillo y tras unos largos minutos de degustación, iniciar el procedimiento para ingresar en la caja del establecimiento lo consumido, comenzando el encebollamiento con la ropa reglamentaria para comenzar el regreso.

Quería hacer una foto conmemorativa del paisaje, por lo que buscaba el encuadre circulando tranquilamente, hasta el puertecillo entre Robres y Alcubierre, donde me he dado cuenta que había un buen sitio, pero cuando me lo había pasado y como el arte es el arte, que no helarte (de frío), me he dado la vuelta para inmortalizar el momento.

Luego, con el calorcillo generado por llevar la barriga llena y el termómetro que había subido de grados, he aumentado las r.p.m. de régimen de giro para volver más alegremente que a la ida, desviándome en Leciñena por una carretera pequeña y divertida que conecta con la antigua N 330 de Huesca-Zaragoza, donde me he cruzado con varias motos y con bastantes ciclistas, lo que ha hecho entretenido el regreso.

Cumplekms Suzy

Nada más parar en la puerta de casa, miro él cuenta kilómetros y veo que ha dado la vuelta y se ha puesto en 19 kms. La Suzy ha llegado a la Adolescencia ¡!!!.

FUJIYAMA

Fujiyama en Aragonés, significa Moncayo, el cual es un monte en mitad de la frontera que separa Aragón de Castilla de 2.314 m, que pertenece a ambas regiones y que te marca cuando hay nieve en el Pirineo, ya que entonces está nevado.

Es una zona no ampliamente conocida, con pequeñas carreteras comarcales que la circunvalan, atravesando puertos y bosques que decoran perfectamente la zona.

Una vez dibujado el escenario, pasamos a describir lo que se siente al acercarse a él, hoy por la mañana: FRIO.

A las 8:30:00 salía con mi Suzy de Zaragoza, rumbo al Mesón del Aceite, a los pies del Moncayo, lugar donde además de ser una Almazara que prensa las olivas de la zona de las que sale un aceite estupendo para hacer huevos fritos, entre otras cosas, tiene un mesón con sutiles delicatessen como torreznos, jamón, quesos…. Y el “Maná” que hace crecer nuestro “padre” el Moncayo, La Garnacha, una uva tinta excepcional que en combinación con huevos (los fritos), el jamón, el pan y los torreznos, hacen que se genere la energía suficiente como para pasar del Frío al Calor en tres untadas y cuatro tragos de vino.

Inciso teórico, a mi edad considero una tontería plantearte un viaje o salida dominical, simplemente por el paisaje, conducir, recorrer el mapa, etc. sino intercalas puntos de repostaje interesantes, desde el punto de vista gastronómico, sobre todo para los que van encima de la moto, que merezcan la pena para alimentar el espíritu y sobre todo el estómago, tan necesitado de buen trato como suele estar.

El Fujiyama

El MONCAYO (Fujiyama en japonés)

Una vez bien almorzado, con el Sol ya desplegado iluminando desde el SE al Moncayo y habiendo ascendido ostensiblemente la temperatura era el momento idóneo de hacer la foto de rigor, desencebollarse para ganar agilidad y salir a rodear por el Sur, Tabuenca y el puerto de La Chabola, para salir a Morata de Jalón pasando por dos sitios bonitos, el castillo de Mesones de Isuela y la plaza circular (casi) de Chodes (muy original).

Puestos ya en faena y manteniendo en lo posible las 6.000 rpm, para disfrutar del sonido de los cuatro cilindros, he recorrido esa carretera bacheada y con un poco de gravilla (como todas las comarcales de por aquí), encontrándome únicamente con dos grupos de ciclistas y con un coche tuneado negro, que se me ha cruzado en mitad del puerto a toda leche, con la ventanilla abierta y un insoportable ruido de ¿musica? Máquina.

Día precioso, con temperatura primaveral, solo en la carretera, a mi ritmo sin encorrer (ni que me encorrieran) a nadie, hasta llegar a la A-II, donde ha desaparecido la magia, encontrándome con una autopista vacía, cuyo único aliciente era contar el número de rayas discontinuas que iba pasando.